
Bravo por la mujer brava
Israel Maldonado
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, confieso que las he visto en la universidad, en la calle, en mi casa: Ariana, Cintia, Nalleli, Lidia, Nancy, Verónica, Brenda, Marisol, Lucy, Tania, Marlen, Irais y Sarai; nuevas mujeres que me dan miedo y me ponen en jaque temiendo, pues el porqué lo pienso; somos machistas incorregibles, machistas por cultura, visibles por herencia de jóvenes y viejos, desde antiguos tiempos, desde que los soles han estado colgados y existen los sueños suicidados por los años.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, las he visto en el pedestal participar contra el colapso económico mundial a dar soluciones y proponer el desbordar la opinión, pues dejan de ser: secretarias, amas de casa y rompen el mito que años y años se ha escrito, de arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas y demás denigradas, pues pasan a ser… plas… plas… exitosas escritoras, deportistas, investigadoras, artistas, ejecutivas, gobernadoras, presidentas de carácter áspero, duro y decidido; tal vez no sean las hembras con las que estúpidamente soñamos; pero son las mujeres que te libran de cadenas y rejas, son las mejores parejas en este mundo falaz y novelero.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, tal vez no una mujerona de las que pinta el poeta azul con ojos de caramelo, boca y caderas que cautivan, de las que usan sus manos para la caricia, tener una casa impecable, lavar bien los platos, servir buenos tragos o acomodar el florero al centro de la mesa, servirle al macho que espera una joven mansa, dulce y sumisa, con sonrisa en la boca que no discuta sólo diga frases alegres y elogie nuestros actos y nuestras bobadas, que sea de boca correcta, simpática que jamás reclame y desafíe el poder masculino, pues gallo sin pico no cantan ni un comino.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, pues confieso por adelantado que sigo siendo un pelado más primitivo, menos humano, un animal impulsivo que sueña con la hembra perfecta de la revista de modas, de las curvas increíbles, la mujer que tenga sus piernas a mi servicio disponibles, que fija ridículos gritos de mí desahogo, pues se ha quedado a medias y la ahogo. Con esas hembras sueño, las fáciles y sin problemas, las que reloj mata como el tiempo, las mismas que me hacen creer que he trepado al sol y ando en las burbujas de los sueños, tratando de parar los años, jugando con mi súper ego.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, una generación de mujeres que no se someten, protestan, exigen, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Cada día las veo diferentes, pues no se dejan dar órdenes, no podemos dejarlas plantadas o tiradas o arrinconadas en roles subordinadas al perfil hormonal de varones que se inyectan sin gracia, su dosis de falocracia.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, que estudia más, que sabe más, que es más disciplinada, sabe tomar decisiones, pues eso lo trae en los genes, es líder y me atrevo a ver que si ellas gobernaran el mundo, no seríamos trotamundos, olvidaríamos el falso diálogo de mudos, que finge que la democracia es un bien exclusivo de la gracia del capitalismo, que erige a Washington como lo mismo, pues ya estuvo bueno del poder las palancas, tal vez esa mujer exclusiva sea la vía libre a la eternidad y tire la barda en la cama, construya universos paralelos y quite los falsos velos femeninos, ella más que nadie debe mover las palancas para una relación entre iguales.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, pues cada día creo, les es más difícil conseguir pareja porque muchos les tememos y no choca que nos corrijan, nos refuten y desinflen nuestra vanidad, después de llegar del trabajo; aunque ellas trabajan más que nosotros, hartas llegan por la noche, de mal humor y sin ganas de cocinar, envejecen como nosotros y su piel y sus senos ya no son de veinteañeras, de mes en mes tiene sus hormonas ciclos de euforia y mal genio; pero aún así nos escuchan y saben darnos consejos para vivir y limpiar los espejos de nuestra alma y evitar los fracasos y tropiezos. Ella es una mujer fenomenal, ella más que nadie es el aroma más dulce y la flor más delicada, pues tiene la fórmula mágica para convertir de bárbaros primitivos a hombres sensatos y racionales, llenos de sensibilidad con cara a la sociedad.
Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, que lo sabe todo desde que el sol está colgado, sabe bolsa de valores, saben nombres; bravo por la mujer brava.


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