Gabito

Gabito
Su mejor sonrisa

Advertencias de un escritor

Gabriel García Márquez



1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

30 mar 2010

A UN ENFERMO DE SEXO




Israel Maldonado


¡No escribamos la palabra amor, hagámoslo, bajo las sábanas de los hoteles, hagámoslo! En las cárceles, en los ministerios, en los campos de concentración y los campos militares, cerca de políticos y presidentes como presidiarios, hagámoslo.

Fumemos al amor en pipa o tabaco, inyectémoslo en las venas con popotes de malteada. Abracémoslo en la fogata, entre las cenizas y las sombras, los maullidos y gemidos que el éxtasis se alcanza. Anestesia con besos y caricias, recostados bajo la cama. Satisfechas de una y otra costilla, locos acostados de dos en dos, a favor del corazón enamorado.

Hay que morder al sexo maduro, como una ciruela de pastel y decir me vengo de cumpleaños, te quiero de edad, hagámoslo. Forniquemos, el amor, el amor, el amor, se acerca, está aquí con nosotros. Está contenido en mi escroto, sube por mi próstata, quiere salir gritando, me jala desesperado los hilos del sexo como un toro encasillado, como un dolor de rodeo.

Por los lisiados, cojamos, por los católicos y los cristianos, demos sexo y libertad a toda Latinoamérica y a los testigos de Jehová. Hagamos el amor, por los narcos, por los marineros, que se van lejos y son vírgenes en la mar y la arena y esperan el altamar como al anticristo. Hagámoslos, por los niños de la calle y los sedientos de África, por los hambrientos de justicia y los muebles de fábrica, hagamos el amor con la balanza y los ojos vendados de plusvalía, hagámoslo.

Jodamos sin condón, litro y litro de esperma, produzcamos más barriles de néctar de macho que cualquier refinería y plásticos al día, o en domingo. Juntemos nuestro sexo y masturbémonos frente a frente, entre caricias y arrumacos desfloremos a las vírgenes y santos y santas, a los de capillas y conventos, desfloremos a su dios y sus demonios, desfloremos su sexo. Hagamos el amor clásico y barroco, con el miembro al aire, salivando. Que las madres sepan que debemos reproducirnos, que debe haber esperanza para la permanencia de nuevas generaciones, hagámoslo. Que los marcianos y extraterrestres, sepan que somos muchas lágrimas y sentimientos, que el universo se entere que somos sexo, amor y deseo. Hagamos el amor entre los muertos, entre las cruces perdidas y pisoteadas, entre las lapidas olvidadas e innombrables.

Yo, el fornicador, me masturbo con mis cinco manos y mis diez miembros. ¡De litro en litro lleno barril por segundo! ¡Un gemido y lo lleno, como ubre de luna sobre la cubeta del cielo! ¡A acoger y amar que el mundo se va acabar, hoteleros! aleluya al sexo placebo; saquen sus miembros y vaginas, hagámoslo, ¡que hasta aquí se escucha el relinchido del macho en celo! Mete y saca, con la cadencia y el ritmo del perro callejero, que practico es coger a una voz, a un ladrido.

¡Sigamos así follando, caldeando, jodiendo, sigámoslo haciendo! ¡Pitos de lumbre, nalgas en celo! ¡Inyección y vientre de Consuelo! cantan su amor tan austero. Hagamos las camas de casa y hoteles, juguemos con las sabanas en el suelo y enseñemos sus manchas vírgenes al cielo. ¡Mares de sangre bendita, santificada sea por el sexo! Pan y vino, agua bendita, sea lo que desmanche con muelas y saliva. (Sangre azul y roja es sal y arena, mar y roca, es mi sexo al que ahora toca). Hay que masturbar a los animales del campo y de la selva, de los bosques y los cementerios, de los jardines y los arroyuelos. Sin los guantes necesarios, hagámoslo, masturbemos a la pulga y al perro, a la vaca y al centauro, enserio.

Que gruña el gato y el leopardo, de su dulce sexo, venido a más con su pito gigante del burro venido a menos. Que la hiena ría de locura, que no encuentre remedio para guardar silencio, más que haciendo el sexo, no el amor venido a menos. ¡De pie, miembros! roseamos la fertilidad del campo y del vigor del roble en el fuego. ¡Párense, vaginas, dulces y amargas, saladas y en velo! ¡Que el amor se avecina y debe encontrarnos de fiesta y alabanza, en celo! ¡Ábranse piernas de Moisés del sexo, ahora que húmedo me vengo! Hay que mirar a los fetos en el vientre, masturbándose, con la flor del sexo, germinándoles del pecho.

Semen untado en los talones infantiles, ardiéndoles el miembro. Hay que mirar los pitos de los viejos, paraguas nuevos y abiertos, encendido por la lluvia y el celo. Hay que mirar debajo de los hábitos de las mojas, de las vírgenes de la Iglesia y santos de parroquias, hay que mirar sus pechos, hinchados de amor, sus sexos obscuros, ventosas de la santidad, hay que saberlos progesterona y testosterona a lo natural. Hay que mirarlas, tocarlas, abrazarlas y besarlas, con esas ganas carnales de hacerlas dicha y felicidad, a novias, hijas, tías, sobrinas, hermanos y madres, hay que hacerles el amor, que no venga al caso el incesto y la edad, hay que hacer el amor a hermanos como animales, suave, dulce y amorosamente, hagámoslo, que no hay vuelta de hoja, ni sexo roto que no entre, todo es plenitud.

Erecto y húmedo, está el sitio de la muerte en vida, nos espera el dulce sida, para abrirle el pecho de la infección, después agua y jabón vuelto a la vida. Vengan, animalitos de mi creación, al cielo del Dios, que no los hizo, sino los desmoronará cual sexo en sus manos, de éxtasis y placer.

¡Llegan, placebos negros y blancos, jeringas y agujas como dolor, calor en el pecho, pandemias y muerte!¡La calentura ha destruido al miembro y al vientre, no hay pene ni vagina que pueda recibir su nombre. Asisten los animales de la selva y el bosque, todo es desolación y alevosía ¡Vengan, hagámoslo de nuevo!, dice una madre, ¡hagamos el sexo con el corazón!

“Después lo miro y me callo la cabeza,
las manos, mis miembros,
mi voz, así está la resurrección, madre nuestra, padre nuestro,
regrésame mi erección y santificado sea tu sexo”
¡Hagámoslo con el corazón!

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