Gabito

Gabito
Su mejor sonrisa

Advertencias de un escritor

Gabriel García Márquez



1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

23 mar 2010

Apaga la radio, madre.



Por Israel Maldonado

Apaga la radio, madre, que quiero leer, pues me indigestan sus ruidos de siempre. Apágala que sólo a mí me funcionan las letras y los ruidos me desesperan, apágala te lo pido. Voy a azotar tu aparato en la pared y mandar mis problemas al carajo para salirme a tomar una cerveza al vacío del cielo, cuando regrese no quiero el ruido violador del silencio, mas quiero la bondad de la noche en mi cuarto y encerrarme en un buen libro. Quiero mandarte a chingar con tu radio a otros hijos, mandarte lejos como a mi novia y no abrirle la puerta a tus golpes que no tienen palabras en mi fuero interno, ni muecas ni señales que mi padre el psicólogo pueda entender más que leyéndome un libro que a mí me guste de mi librero.

Apaga la radio, madre, que sólo a mí me funcionan las letras porque tienen colores, luces y sonidos diferentes, tienen magia hasta en mis sueños en que se convierten en hadas y dragones que lanzan y escupen fuegos artificiales al cielo y me iluminan las noches de insomnio que siento y vivo cuando duermo despierto leyendo un libro. Ahora soy raro cuando te hablo, me hago un manojo de nervios, pero cuando leo puedo hablar sin atadura en la lengua del pensamiento.

Te digo pues que en un libro encuentro a un buen amigo desde hace años en que leo, se ha convertido en un incondicional compañero dispuesto a todo en mi librero como también debajo de mi almohada de mis sueños en que me cuenta historias para que duerma briago de ideas, sentimientos e ilusiones cada mañana que siempre lo encuentro dispuesto a escucharme, abierto.

Apaga la radio madre, apágala ya, te lo pido, que sólo a mí me funcionan las letras que hay en un libro, pues hacen el amor con su vigor expresivo, luego florecen mis lágrimas como alegrías con sus pausas y prisas, sus armonías. Sus páginas me suspenden alto en el aire, después me dejan caer al ras del suelo como la golondrina enamorada o la alondra viajera en la verde enramada, lista para su vuelo con una mirada alada por letras enamoradas de mis pupilas lectoras de sueños.

Las letras son mis válvulas de escape en esta época en que se presume de nuevo milenio, porque ahora sólo quiero salir de este tiempo y edades, leyendo a mundos mágicos e insospechados del…, Érase una vez en un lejano país como sus tiempos de costumbres y tradiciones desconocidas, distantes e indiferentes anhelos, pues quiero volar y leer lejos a personajes en problemas y alegrías, diferentes destinos, así como recuerdo las fábulas de Esopo y Lafontaine que tengo presentes y vivos sus sabios consejos.

Apaga la radio, madre, o bájale un poco el volumen y compréndeme un poco al menos, ya no vuelvas nunca más, pero nunca más obligues a danzar mis libros alrededor del fuego, porque cuando mis amigos se queman me llora algo de una manera terriblemente desgarradora en mi pecho. La armonía de sus letras y sus efectos musicales en prosa y poesía, se vuelven quejidos dolorosos y desagradables, luego tormentos rugen al fuego que lo apagan, después cenizas rotas, polvo, dolor, nada y tormento.

Es por tanto que sólo me sirve apagada tu radio y la voz de las letras de mis libros, pues comprendo en que debo ser responsable con lo que digo y escribo, debo ser fiel a mis ideas y principios, aunque no me guste lo demás que te he te dicho y escrito madre, entraste a mi mundo de letras compartido, sólo apaga tu radio, te lo pido.

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