
Israel Maldonado
Y aún tiene el sueño eso de volar, con sus propios brazos se ha puesto a soñar, cuando era niño quiso ser piloto o hacerse a la mar, pero sus sueños se le hicieron rotos cuando vio sus años y su realidad. Cuando era un niño dormía bocarriba y siempre andaba escupiendo saliva con su avioncito de papel, soñaba algún día pilotear en él, soñaba el lejano viento acariciando su piel, y el aire dulzón cual brillante miel. Poco a poco fue creciendo y ahora sus sueños los tiene en las canas, sueña que tiene alas en los poros de su piel, vuela por así decirlo con las letras que cantan con él, pero lo hace despierto sin avioncitos de papel. Es un abuelo silencioso, dulce y tranquilo que anda en el jardín, oliendo las flores y viendo el cielo, y cuando pasa un avión, reza entre sus labios; alza las manos del suelo como atrapándolo entre sus dedos, luego hace que juega con él, sin miedos, acelerándolo; hasta que desaparece el avión entre la blancura como su locura. El abuelo se dirige a su cuarto y plasma un sueño, un sueño como él, luego lo lanza al cesto de basura en un avioncito de papel.
Te cuento un sueño, pero dormido, abre los ojos del corazón, cierra el silencio ya carcomido donde empiola ya la razón. Te hablo ¿Qué sueño? Sueño de cosas, de fantasías de buen horror, lluvias lejanas y mariposas, cantos y estrellas del bien hermosas, tantos romances de un buen amor.
Tengo un amor, pero es lejano, tan alejado de mi sentir, mi corazón muerto y ajado, se ahogo de amor, de no vivir. Que sentimiento ¿tengo? Muerto horror, espanto encarnado, larvas de mí, gusanos negros de un mal olor, prohibida manzana que no comí, ¡tanto dolor tanto sufrir, por un amor puesto a morir!
Todavía vive y se mueve la nao de mi dolor. Victoriosa entre guerras, batallas, quiere naufragar en las aguas doloridas, destruirse en el oleaje, golpe a golpe, de popa a estribor, destruirse en los escombros, caer, caer, caerse, y morir como quien muere desahuciado, un árbol siempre de pie, morir y olvidar, abandonar el naufragio en la nao de mi dolor, a la merced olvidar.
La barca está en la playa, se mueve en cada ola, el mar con ella ensaya, la besa y la deja sola. Se le ha ensanchado la madera, cuando por fin el sol salió, es como si le sonrieran con la sal de buen sabor. A veces se queda quieta, soñando en altamar, como si durmiera despierta como el marinero que se hace a la mar. Contenta está la barca ensayando con el mar la canción de las sirenas, cuando todo sea pleamar y se terminen las olas y todo sea soledad.
Danzan las olas, bailan aún más, con las gaviotas danzan un vals. Olas y alas con las gaviotas del mar, plumas del aire sabor a sal. Todo es un vals mundo de cosas, luz y obscuridad, una elegía que hay que olvidar, porque sin olas no hay mar, plumas del aire y azar.
Leche simple, porque sí, leche fría, sin azúcar ni canela, así quiero que sea. Ni té caliente, ni café del día, simplemente leche fría. Sírveme en una taza de las ubres dulces y mansas, su fuente suya, su alma callada, de la hierba seca y bien rumiada. Quiero leche fría del alma triste de la vaca, ternura blanca como de luna, por dos palomas bien ordeñada, en la hora fresca y joven del día, leche simple, porque sí, leche fría.
No espero nada de nadie en el acabose de la vida, ni más ni menos, porque soy gente sencilla. No quiero lágrimas ni mocos, ni llanto a mares en fila, ni más ni menos porque soy gente sencilla. No quiero baladas, ni valses nuevos, ni café caliente levanta muertos. No quiero nada, ni espero en mi acabose, en mi entierro, porque soy sólo un recuerdo en blanco y negro con un corazón de cal y arcilla, ni más ni menos, porque soy gente sencilla.
Llegó con la lluvia de la tarde, zigzagueante, la libélula conjura el aire, convulsa, aspa de una natura perdida. Desbaratando el espacio y lo lejano con sus azahar, rápido y preciso. Acostumbrada a donde quiera, bólido de vals, cosa lejana y cerca. La libélula, remota al dios y a la ceniza, espiga y flor del aire, que danza, baila valses de histeria, dejando todo quieto e inerte. La libélula zigzaguea aires baldíos. Placida delicadeza, acaricia el aire con sus alas de éter, escalando y precipitándose luego, luego. Abrazada al azar en abismo y alturas, desaparece en un soplo frágil y celeste.
Colosal el elefante baila una polka en el circo de la vida. Envuelto en una tela áspera y dura hasta sus párpados tristes y tiernos sin nombre, sueñan. Viejo como el recuerdo de su existencia, sonríe con la trompa de su tiempo. El elefante es la máquina natural y elegante, tiene la miga de ternura exacta, la piel de la mañana y la noche. El elefante sueña, el canto siberiano, la luna de colmillo. Su reino es antiguo, colosal y simple como las grietas de su epidermis, secretas e inteligentes.
Vamos a cazar ranas, apedrear las verdes que salen de la boca del rio, cóncava, a recortar siluetas saltarinas, suaves murmullos verrugosos del día, a esparcir la sangre esmeralda en una mirada flamígera y que duela. Vamos a cazar ranas, antes de que anochezca y nos torturen sus ruidos y sus ojos brillosos de escarabajos negros y malditos. Vamos a amotinarlas, a cazarlas en susurros, para que esta noche comience bien y sin nada.
Vamos a hacerlo esta noche, te invito a ser como yo, a comer queso a escondidas, a esconderse del miau, a pegarse a las paredes, como quien se finge una mancha de una buena decoración. Te invito a una fiesta de noche, a comer a escondidas en el refrigerador, a roer con nuestras manos cualquier cosa, como lo hacen los ratones, a arañar la trampa que nos a puesto Dios, con la cola larga y gris a jugar con este crespón de noche hasta que se asome el sol y una voz de aguamarina, diga: Que bondad la de los gatos, pero quiero ser ratón.
Hay que subir al cielo, despegarlo de nubes, troncharles las alas a los ángeles. La ilusión es la fe que mueve al mundo. Navegar en el color blanco y divino, alcanzar el infinito, doblar el paraíso en geometría e ilusión. Un ángel escarba con sus alas la tumba para descender al infierno, se quiere así mismo. Una mano enorme lo avienta a un lado con sus yemas amorosas. Sonríe. Hoy se asciende al cielo, remate, rifa, oferta, que el trono de los cielos está en recesión para cotizar fuerte sino habrá excomunión. Tijeras de pollo tronchan alas de ángeles, manejadas por un Dios salvaje.
Dios, creo que soy Dios. Después de esto, ¿no creo volver a ser hombre? Morir o renacer no me interesa en lo más mínimo ni en lo más máximo, es una innecesaria metamorfosis. Sólo necesito asistencia religiosa, unas cuantas veladoras, luz.
Desbarato mi nombre, no lo quiero, no me gusta, quiero llamarme navío. Horas tras horas desbarato el pan en migas de ternura. El humo que flota en la cabeza deshilachada, su gesto de humo en una danza de fuego. Tronchado, sutil, yerto, seco, del que no pudo ser, un bosque rumor, un helecho remoto de sí, insatisfecho. En la bondad del día, jamás sobran las esmeraldas del mar.
Dios es un duende o una flor, es fuerza activa es la acción, un cuaderno de colorear también es Dios. Dios se encuentra en el cielo como en la tierra, en las hojas de una libreta de un árbol, en las sombras de la tarde como de la noche, en los colores del tianguis como del mercado, en las manos de una prostituta como en las manos de una madre. Dicen que Dios es verbo y no sustantivo, es predicado y es adjetivo. No me importa si es un duende omnipotente, o un gigante visco, Dios existe y ha existido , en el silencio de la penumbra del invierno o en un flor cualquiera deshojada por la inocente y joven primavera, por los siglos de los siglos, así es y así quiero que sea.
Tengo un perro con cara de tulipán que cuando no ladra, pide pan, es un perro atigrado como un gato rallado, y me espera en la puerta para ir al mandado. Camina por la calle con sus contoneos de ola, anda buscando algún gato para abrazarlo, mueve como rehilete loco su pequeña cola, y anda dando vueltas de un lado a otro para alcanzarlo. Me gusta cuando brillan sus ojos como un astro, cuando se queda mirando fijamente el fogón, son la combinación exacta de ojos de dragón fénix y unicornio en un solo rostro. Tiene una iluminada sonrisa debajo de su nariz, siempre sonríe cuando ladra y deja a su paso olor de almíbar y anís. Cuando salimos a estirar la pata al parque o la panadería, él siempre sale primero por la puerta, y el último en entrar, todavía. Cuando llueve por aquí parece como si en su panza silbara la mar y el viento, después pasada la lluvia, salimos afuera un momento, vemos los sapos contentos, llenos de arrugas su cuerpo, pero el frunce la nariz, ata su hocico, baja las orejas y en un ruido sordo, riza la cola como cerdo. Después una sonrisa se dibuja debajo de su nariz, mirándome fijamente con sus ojos sagaces, y ladra, dejando al paso olor de almíbar y anís, y una lluvia de estrellas fugaces.
Cuca, cuca, corredora, nocturna de maratones, usted es la roedora odiada como a ratones. Allí de ti insecto voraz, si invades mis almacenes, de tu vida me darás todas tus generaciones. Cuca, cuca, cucaracha, si sales de mi habitación, te perdono la mala racha, de ti y tu generación. Cuca, cuca, encontrarte en las noches de mi insomnio y con mi zapato aplastarte, dejar tu cadáver diurno. Cuca, cuca encontrarte en la noche de infortunio, y con mi zapato aplastarte, dejar tu cadáver diurno. Monstruo de mi vigilia y ayuno, en mi almohada escondida, en el plato de mi desayuno, hasta en mi cepillo de dientes, mordida, monstruo de mi vigilia y ayuno. Mírame y no me toques, corres debajo del cuadro, te metes en hoyos y corredores, te pierdes ante mis lentes, como todos los roedores, mírame y no me toques, siempre corres, tras las paredes, porque valiente no eres. Y la glotona inquilina no deja huellas a su paso, hasta que la veo en mi vaselina, su muerte fue de un trancazo, que buena muerte inquilina, verte muerta en vaselina, la muerte te salió al paso, sin querer de un trancazo. Vete lejos de mi casa, respeta mi habitación, de mis sueños nada pasa, ni toda tu generación. Cuca, cuca, cucaracha, si sales de mi habitación, te perdono la mala racha de ti y tu generación. Vete a la casa vecina, respeta mi habitación, o muérete en vaselina. No quiero más tu cadáver en la harina, azúcar y sal, ni en el cepillo de dientes, no quiero ver tu cadáver, ni tu muerte colosal en la harina, azúcar y sal, aléjate de mi vida o muérete en vaselina o en la casa vecina, lejos de aquí pepita saltarina. Cuca, cuca, cucaracha, déjame vivir tranquilo y olvidar la mala racha con el alma en un hilo de tus costumbres tan sucias, de tus carreras nocturnas. Líbrame de ti cucaracha y sal de mi habitación, y te perdono la vida, de ti y tu generación.
Hola y te digo ola, hola y te digo mar, hola y te digo sola, hola y te digo amar. Hola y te digo que tal, hola y te digo buena, hola te digo mal, te digo arena y te digo sal. Hola te digo hola y tú me dices que tal. Hola te digo frio, hola me dices sol, hola te digo lento, hola me dice voy. Te vas y sólo me dejas, hundido en la tempestad. Hola Dios, me dices, hola y adiós me dejas, hola y adiós te vas.
Si anduviera por el mundo, en un día, buscando mi alma mía, ¿por qué la busco tanto, todavía? Si tengo tu alma mía. Si encontrara por el mundo, en un día, tirada tu alma mía ¿por qué la encontré ese día? Si tengo mi alma mía, todavía.
Mosca, mosquita, moscona, con tu tropa o trompón, con tu boca bien bocona, trasportas las inmundicias en tus patas usureras, con tus ganas, basureas. Aléjate de mi plato, mosca sucia e impura, traes la suciedad del zapato, la enfermedad de algún gato, y mil roñas y locuras. Mosca, mosquita, moscona, chocarrera de tardes, combatiente de mis sueños, malvada, perversa, buscona, de la muerte y de mi enojo, del matamoscas que te arrojo. Voy a quitarte tus alas, te atraparé en el aire, como el niño sin entrañas por hacerme un desaire y despertarme en las noches y todas mis mañanas como el niño sin entrañas. Voy a despatarte completa, voy a dejarte sin alas. Mosca, mosquita, moscona, tienes la vida contada, si te atrapa mi palmada, por pararte en mi paleta, voy a dejarte sin alas como el niño sin entrañas.
Sin lágrimas y sin quejas, murió mi abuela ciega, sin lágrimas y sin quejas, murió mi abuela vieja, en su aldea veraniega, murió feliz y contenta. Lejos se fue a morir, no quería que nadie supiera su congoja y su sufrir y que nadie la viera morir como una vieja ciega, pero feliz y contenta. Ella siempre quiso ver las montañas y las nubes, ella siempre quiso saber el color del arcoíris y los prados y las flores. Nació ciega mi abuela en su aldea veraniega, prisionera de la noche buena, de la vida tranquila, serena y ciega. Por su boca soltaba mariposas, hablaba como la poesía, pero ella no veía las cosas bellas que de su boca decía, era como una fragancia, una fragancia de estrellas, una playa de sol, vacía. Mi vieja era un libro abierto de noche como de día, y siempre me dormía despierto hasta cuando ella se dormía, le acomodaba la almohada de noche como de día, pero ella no me veía. Paso que aquella noche murió, murió la vieja, mi vieja, mi viejita, la que nunca conoció la luz, y amó a todos sin que la vieran. Pero mi abuela murió ya vieja, bien feliz y despierta, sin lágrimas y sin quejas, como decente vieja ciega en su aldea veraniega, con su alma bien contenta sin lagrimas y sin quejas, bien feliz y contenta, así dice su cruz grabada, que la lleno de flores cada semana, y le acomodo su almohada de tierra, como si ella me viera.
Y para qué es la luna, para dormir, la noche buena de la una, para dormir. Y para qué es el sueño, para dormir, y el aroma del ensueño, para dormir. Ay que sueño tengo, y para qué tengo sueño, para dormir, y esta noche en las pupilas, para dormir. Y para qué las estrellas diurnas y el insomnio de una cucaracha y el aire limpio como el alba, si tengo los ojos fijos y sueños como de escarcha. Y para qué esta canción, para dormir, si tengo los latidos de mi corazón para seguir cantando mis versos para dormir.
He conocido lugares y nada como mi México. Yo no soy tan entrón ni tan valentón pero tengo algo de macho. Tengo una carrera de periodista, sé hablar idiomas pero a mí me gusta más lo mexicano. Muy pronto me voy a ir para mi rancho, bueno, el rancho de mi señora madre; voy a levantar las tierras que mi raza ha dejado caer últimamente. A chingar la vida en la ciudad y todo lo que me ha enseñado, sus luces y sus mujeres. Me gusta tener familia y por eso me parto. Y, ¿por qué a estas alturas de mis veintitantos? Simplemente, porque dar clases en las universidades, ser abogado y político; no me convence. Yo sólo quiero ayudar a mi gente, y la gente de aquí ya no me concierne. Me voy a regar el grano, a alimentar el ganado y a raspar magueyes, pero no me pudro en esta ciudad de asfalto y humo, simplemente, porque no me merece. Que, ¿por quién voy a votar? A mi juicio, México nunca tendrá buen presidente. ¿Qué si he perdido la fe?... pues, la mera verdad sí, sólo de ver como hacen las cosas güeritos vale madres, quiero estar con mi gente. Y decirles que los otros son la mierda que hay enfrente, y que no se les acerquen, porque allí sí no respondo, si se me sale lo valiente, mexicano hasta la muerte.
Me enfilé al ejército, porque amo a mi señora patria que es México. ¡Madre grande y gloriosa!, he aquí un hijo tuyo dispuesto a servirte como tu fiel soldado. ¡Madre de treinta entidades, y más de cien millones de mexicanos!, he aquí hijo tuyo, soldado tuyo; dispuesto a entregar su vida en el campo de batalla, de entregar su inteligencia, sus brazos y su corazón para bien servirte, como oficial tuyo: activo, leal y honrado; dispuesto a luchar contra la miseria, la ignorancia, la injusticia; para verte, libre e independiente de algún tirano que quiera violentarte en nombre de otros blasones.
¡Patria mía!, amo tus mares, tus golfos, tus sublimes cordilleras, tus azules montañas y volcanes; tu gloria y tu belleza, desde: El Cabo, Baja California Sur; hasta la estrecha y calurosa, Mérida, Yucatán. Te amo por la memoria de mis padres y mis abuelos que han venerado a hombres ilustres y grandes hombre muertos; te amo porque existes, y yo contigo éxito. ¡Patria mía! Veme arrodillado en tu regazo con este nombre que entiende como Israel y estos veintitantos años, ya a una, ya a otra orden que tú me dictes o decretes…
Me enfilé al ejercito, porque aquí entre nos, soldados ilustres, he prometido morir de viejo en algún batallón o, ante las balas convulsas que quieran diezmar nuestra soberanía y nuestro regimiento. Por la sangre que se ha derramado, por la sangre de mis hermanos que corre por mis venas, porque en tierras aztecas están sepultados mis muertos que mi raza llora y venera. Porque México me ha visto nacer y, me ha dado: lengua, maestros, libros de texto, comida y sustento. Amo a México por su naturaleza tricolor, por su corazón, por su gente buena y sencilla; porque soy hombre que, siempre extraña sus lejanas tierras lindas y queridas: por sus azules montañas, por la ternura de sus nativos con corazón de indio, por sus obreros ensombrecidos, por la violencia con la que un extranjero, grita: ¡Viva México!... Por eso y más me he enlistado al ejército, y quiero defenderle de aquel que ose atravesar con balas ajenas mi bandera; y el amor a uña y carne de mi señora patria linda y querida.
**¿¡Y a dónde voy con este sol tan bruto!? Si salgo tendré que irme pegado a las paredes, como gato agobiado y buscando sombra. Hay que ponerse gorra y sombrero para evitar ser quemado por la ira de un Dios como sol. A veces hay sombra, pero el aire es sofocante. Hay que ventilar todos los recovecos, hasta los nichos del alma hay que ventilar para descansar del agobio de una tarde enardecida. El sol viene y se va, alguna barda muy lejana a la nube aguacera ha ocultado el fuego como ira. Nadie aguanta la furia del sol, ni yo ni nadie, hasta los perros tratan de buscar la sombra del árbol que, impávido soporta pulso a pulso sin mover raíz, y sólo hojas, la furia de este sol más bruto que, allá en el cielo o infierno, su creador. Y a dónde vamos a parar sin salir de casa o del coche, y a dónde vamos a parar si el sol sólo seca y desmotiva, cuando quema y calienta de más, y a dónde voy a buscar sombra. El sol así me desmotiva, me desmotiva. ¡Bárbaro sol de enero! ¡Qué feo y despeinado te has puesto, que me has puesto de mal humor!


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