Gabito

Gabito
Su mejor sonrisa

Advertencias de un escritor

Gabriel García Márquez



1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

31 mar 2010

A un bicitaxista que no se sabe mi amigo



Caballito de ruedas

Pedal tras pedal cabalga, rueda tras rueda avanza, camiones y carros alcanza, es un bicitaxi de carga: lo pedalea un hombre, que le dicen Matador, se lo dicen con cariño, se lo dicen con amor, y casi lo lleva por nombre, el bicitaxi señor. Entre calles y avenidas, trota el caballo de ruedas, brinca topes, cruza puentes, hasta llegar a la escuela con el viento casi vuela, de sus alas sus dos ruedas.

Cabalga bicitaxi mío, avanza sin descansar, que pronto encontraras un río, es de gente para abordar. Pedalea y pedalea señor, atento bien al cruzar, que algo puede salir al paso, un movimiento de horror, de casualidad y azar, lejos vayas a dar, con tu nombre Matador. Maniobras bien a distancia, vueltas bien calculadas, pasaje en abundancia, debes bien levantar y tus ruedas reforzadas, al Metro apresurar.

Buen bicitaxi de carga, te ha hecho el Matador, entre calles y avenidas educado con amor, que buen servicio das, a todo gentil señor. Rueda tras rueda vas, brioso y contento de honor. Cuida caballo tus ruedas, brillantes como el cristal, relincha cuando tú puedas, atento bien al pasar, y así la gente te pueda ver, con tu trote musical y te puedan abordar. Briosas mi buen corcel tus entrañas de metal, entre calles y avenidas con tu trote musical.

30 mar 2010

A UN POETA kAMASUTRA


Israel Maldonado

Recuerdo tus besos, en toda mi piel,
tus labios tatuados son más lo que siento,
cual pétalos dulces, muerdo y presiento,
derramar caricias, cual brillante miel.

Evoco, tu nombre, en sus cinco letras,
evoco algún día fundirme sobre ellas,
cual insignia de renombre escucho,
al carajo este poema,
iré hacerte el capirucho.

A UN DIABLO DENTRO


Israel Maldonado

Esta noche tengo un diablo por dentro,
se retuerce y me castiga, lento, lento.
Luego apaga su fuego,
con sus lágrimas que escupe al viento,
con sus ojos me habla de tormento.

Habla de hacer un alboroto,
frente a casa de Gobierno,
quiere despensas, becas y alimentos,
una vida mejor para sus diablos del cielo.

Luego se quita la cola y se desinfla los cuernos,
se pone alas y corona,
reza y me cura las heridas dentro,
por eso lo quiero y lo bendigo,
es como mi aire fresco,
él me ha enseñado a saber lo que es estar enfermo,
sano de muerte y enfermo de vida.
¡Cabrón diablo, como te quiero, cuece y sana mis adentros!

A UNA AUTOPSIA


Israel Maldonado

Y si cortara tu carne,
para saber de qué haz muerto,
para asomarme a la ventana muerte,
autopsia de tu tormento.

Si te postrara en la mesa y luego abriera tu cuerpo,
para vaciar tus huesos en una cubeta,
no habría nada que lo impida,
ni tu lamento.

La noche es larga para darte voz
y saber de qué haz muerto,
te cortare como pan, lento, lento,
lento.

Abrir tu esternón como tus huesos,
con la magia sortilegia del escápelo,
desangrarte en la cubeta,
hasta el suelo.

Uno a uno, piel a piel, cuerpo a cuerpo.

Disfrutar de la verdad, de tu verdad,
de tu voz de muerto con la paciencia,
la textura y el olor de tu cuerpo, desecho.

Ver por si mismo lo que te han hecho.

No me importa la religión,
ni mil musulmanes ni mil cristianos ni judíos revueltos,
sólo trabajo en tu lecho,
y el archivo evidencia de tu voz de muerto.

Te abriré el esternón,
subiré a abrirte el cráneo,
guardaré tu cerebro con cuidado,
hueso a hueso, disecaré, lento, lento,
cada órgano de tu cuerpo.

¿Por qué haz muerto?
Ya lo sé, por los vivos,
que injusto te han hecho,
un tabú, cadáver de mil hechos.

Yo te bendigo y te santifico,
te doy voz, de lo que te han hecho.

De información a negocio,
eres mi vida, mi vocación,
mis días de ocio y mi amuleto.

Porque en ti me asomo a la muerte,
no le tengo miedo,
ni me arrepiento,
autopsia de tu tormento.

A UN DIABLO DE JUGUETE


Israel Maldonado

I

Quiero un diablo de juguete,
para jugar en la noches,
disfrazarme de él,
para salir a espantar gente.

El diablo, usa disfraz para engañar al reflejo,
pero tiene miedo de nosotros y se esconde del espejo,
de nuestros claros ojos,
que de azules, los ve rojos.


II

He dicho que quiero un diablo de juguete,
para jugar en las noches,
amarrarlo de su cola con un hilo,
sujetarlo cuernos abajo,
por la ventana y golpearlo.

Darle duro en la pared,
para que se enoje y se convierta en dragón,
huya sin que me note,
seguirlo hasta donde se esconde.

III

Cuando, mi papá, entre a mi cuarto,
no me encuentre,
entraré de puntitas a la casa,
me esconderé bajo la cama y me explotare
en llanto como fuego artificial,
chispas de festival.

Después, mi mamá, correrá,
me dirá que es lo pasa,
entonces la convenceré de que:
quiero un diablo de juguete en casa…
¿Para qué?, si tienes coches.

IV

Para jugar en las noches,
tráiganlo de donde se esconde,
si no salgo de la cama,
hasta la noche de llama,
cuando la tercera pupila de Dios,
alumbre el callejón…
el basurero de mis juguetes,
allí es donde se esconde,
tráiganlo que quiero verle,
para salir a espantar gente.

A UN CABALLITO DE PALO



IsraeL Maldonado

Allá viene el caballito de palo,
trotando el camino musical,
relinchidos por palabras,
se han puesto a cantar,
es un piano musical,
que espanta cualquier malestar.

Ponte a tocar caballito de palo,
ponte a cantar,
para que digan que tu canto,
opaca al tambor celestial,
y al ritmo sonoro que se hace en la boca lunar.

Canta fuerte cuando llores,
ponte a trotar el camino musical,
y cuando rías,
ponte a relinchar las notas de arena y sal,
que espantan cualquier malestar.

Toc, toc, trac, trac,
ya te vas mi caballito musical,
adónde irás,
ahora que tu canto conmueve a la espuma lunar.

Llévame por si acaso,
en tu bozal de arena y sal,
no haré daño a tu trote,
porque te han salido alas,
mi caballito musical.

Hay que cantar para volar,
las notas de arena y sal,
que salgan de tu bozal.

Collage de sentimientos



Israel Maldonado


Y aún tiene el sueño eso de volar, con sus propios brazos se ha puesto a soñar, cuando era niño quiso ser piloto o hacerse a la mar, pero sus sueños se le hicieron rotos cuando vio sus años y su realidad. Cuando era un niño dormía bocarriba y siempre andaba escupiendo saliva con su avioncito de papel, soñaba algún día pilotear en él, soñaba el lejano viento acariciando su piel, y el aire dulzón cual brillante miel. Poco a poco fue creciendo y ahora sus sueños los tiene en las canas, sueña que tiene alas en los poros de su piel, vuela por así decirlo con las letras que cantan con él, pero lo hace despierto sin avioncitos de papel. Es un abuelo silencioso, dulce y tranquilo que anda en el jardín, oliendo las flores y viendo el cielo, y cuando pasa un avión, reza entre sus labios; alza las manos del suelo como atrapándolo entre sus dedos, luego hace que juega con él, sin miedos, acelerándolo; hasta que desaparece el avión entre la blancura como su locura. El abuelo se dirige a su cuarto y plasma un sueño, un sueño como él, luego lo lanza al cesto de basura en un avioncito de papel.

Te cuento un sueño, pero dormido, abre los ojos del corazón, cierra el silencio ya carcomido donde empiola ya la razón. Te hablo ¿Qué sueño? Sueño de cosas, de fantasías de buen horror, lluvias lejanas y mariposas, cantos y estrellas del bien hermosas, tantos romances de un buen amor.

Tengo un amor, pero es lejano, tan alejado de mi sentir, mi corazón muerto y ajado, se ahogo de amor, de no vivir. Que sentimiento ¿tengo? Muerto horror, espanto encarnado, larvas de mí, gusanos negros de un mal olor, prohibida manzana que no comí, ¡tanto dolor tanto sufrir, por un amor puesto a morir!

Todavía vive y se mueve la nao de mi dolor. Victoriosa entre guerras, batallas, quiere naufragar en las aguas doloridas, destruirse en el oleaje, golpe a golpe, de popa a estribor, destruirse en los escombros, caer, caer, caerse, y morir como quien muere desahuciado, un árbol siempre de pie, morir y olvidar, abandonar el naufragio en la nao de mi dolor, a la merced olvidar.

La barca está en la playa, se mueve en cada ola, el mar con ella ensaya, la besa y la deja sola. Se le ha ensanchado la madera, cuando por fin el sol salió, es como si le sonrieran con la sal de buen sabor. A veces se queda quieta, soñando en altamar, como si durmiera despierta como el marinero que se hace a la mar. Contenta está la barca ensayando con el mar la canción de las sirenas, cuando todo sea pleamar y se terminen las olas y todo sea soledad.

Danzan las olas, bailan aún más, con las gaviotas danzan un vals. Olas y alas con las gaviotas del mar, plumas del aire sabor a sal. Todo es un vals mundo de cosas, luz y obscuridad, una elegía que hay que olvidar, porque sin olas no hay mar, plumas del aire y azar.

Leche simple, porque sí, leche fría, sin azúcar ni canela, así quiero que sea. Ni té caliente, ni café del día, simplemente leche fría. Sírveme en una taza de las ubres dulces y mansas, su fuente suya, su alma callada, de la hierba seca y bien rumiada. Quiero leche fría del alma triste de la vaca, ternura blanca como de luna, por dos palomas bien ordeñada, en la hora fresca y joven del día, leche simple, porque sí, leche fría.

No espero nada de nadie en el acabose de la vida, ni más ni menos, porque soy gente sencilla. No quiero lágrimas ni mocos, ni llanto a mares en fila, ni más ni menos porque soy gente sencilla. No quiero baladas, ni valses nuevos, ni café caliente levanta muertos. No quiero nada, ni espero en mi acabose, en mi entierro, porque soy sólo un recuerdo en blanco y negro con un corazón de cal y arcilla, ni más ni menos, porque soy gente sencilla.

Llegó con la lluvia de la tarde, zigzagueante, la libélula conjura el aire, convulsa, aspa de una natura perdida. Desbaratando el espacio y lo lejano con sus azahar, rápido y preciso. Acostumbrada a donde quiera, bólido de vals, cosa lejana y cerca. La libélula, remota al dios y a la ceniza, espiga y flor del aire, que danza, baila valses de histeria, dejando todo quieto e inerte. La libélula zigzaguea aires baldíos. Placida delicadeza, acaricia el aire con sus alas de éter, escalando y precipitándose luego, luego. Abrazada al azar en abismo y alturas, desaparece en un soplo frágil y celeste.

Colosal el elefante baila una polka en el circo de la vida. Envuelto en una tela áspera y dura hasta sus párpados tristes y tiernos sin nombre, sueñan. Viejo como el recuerdo de su existencia, sonríe con la trompa de su tiempo. El elefante es la máquina natural y elegante, tiene la miga de ternura exacta, la piel de la mañana y la noche. El elefante sueña, el canto siberiano, la luna de colmillo. Su reino es antiguo, colosal y simple como las grietas de su epidermis, secretas e inteligentes.
Vamos a cazar ranas, apedrear las verdes que salen de la boca del rio, cóncava, a recortar siluetas saltarinas, suaves murmullos verrugosos del día, a esparcir la sangre esmeralda en una mirada flamígera y que duela. Vamos a cazar ranas, antes de que anochezca y nos torturen sus ruidos y sus ojos brillosos de escarabajos negros y malditos. Vamos a amotinarlas, a cazarlas en susurros, para que esta noche comience bien y sin nada.

Vamos a hacerlo esta noche, te invito a ser como yo, a comer queso a escondidas, a esconderse del miau, a pegarse a las paredes, como quien se finge una mancha de una buena decoración. Te invito a una fiesta de noche, a comer a escondidas en el refrigerador, a roer con nuestras manos cualquier cosa, como lo hacen los ratones, a arañar la trampa que nos a puesto Dios, con la cola larga y gris a jugar con este crespón de noche hasta que se asome el sol y una voz de aguamarina, diga: Que bondad la de los gatos, pero quiero ser ratón.

Hay que subir al cielo, despegarlo de nubes, troncharles las alas a los ángeles. La ilusión es la fe que mueve al mundo. Navegar en el color blanco y divino, alcanzar el infinito, doblar el paraíso en geometría e ilusión. Un ángel escarba con sus alas la tumba para descender al infierno, se quiere así mismo. Una mano enorme lo avienta a un lado con sus yemas amorosas. Sonríe. Hoy se asciende al cielo, remate, rifa, oferta, que el trono de los cielos está en recesión para cotizar fuerte sino habrá excomunión. Tijeras de pollo tronchan alas de ángeles, manejadas por un Dios salvaje.

Dios, creo que soy Dios. Después de esto, ¿no creo volver a ser hombre? Morir o renacer no me interesa en lo más mínimo ni en lo más máximo, es una innecesaria metamorfosis. Sólo necesito asistencia religiosa, unas cuantas veladoras, luz.
Desbarato mi nombre, no lo quiero, no me gusta, quiero llamarme navío. Horas tras horas desbarato el pan en migas de ternura. El humo que flota en la cabeza deshilachada, su gesto de humo en una danza de fuego. Tronchado, sutil, yerto, seco, del que no pudo ser, un bosque rumor, un helecho remoto de sí, insatisfecho. En la bondad del día, jamás sobran las esmeraldas del mar.

Dios es un duende o una flor, es fuerza activa es la acción, un cuaderno de colorear también es Dios. Dios se encuentra en el cielo como en la tierra, en las hojas de una libreta de un árbol, en las sombras de la tarde como de la noche, en los colores del tianguis como del mercado, en las manos de una prostituta como en las manos de una madre. Dicen que Dios es verbo y no sustantivo, es predicado y es adjetivo. No me importa si es un duende omnipotente, o un gigante visco, Dios existe y ha existido , en el silencio de la penumbra del invierno o en un flor cualquiera deshojada por la inocente y joven primavera, por los siglos de los siglos, así es y así quiero que sea.

Tengo un perro con cara de tulipán que cuando no ladra, pide pan, es un perro atigrado como un gato rallado, y me espera en la puerta para ir al mandado. Camina por la calle con sus contoneos de ola, anda buscando algún gato para abrazarlo, mueve como rehilete loco su pequeña cola, y anda dando vueltas de un lado a otro para alcanzarlo. Me gusta cuando brillan sus ojos como un astro, cuando se queda mirando fijamente el fogón, son la combinación exacta de ojos de dragón fénix y unicornio en un solo rostro. Tiene una iluminada sonrisa debajo de su nariz, siempre sonríe cuando ladra y deja a su paso olor de almíbar y anís. Cuando salimos a estirar la pata al parque o la panadería, él siempre sale primero por la puerta, y el último en entrar, todavía. Cuando llueve por aquí parece como si en su panza silbara la mar y el viento, después pasada la lluvia, salimos afuera un momento, vemos los sapos contentos, llenos de arrugas su cuerpo, pero el frunce la nariz, ata su hocico, baja las orejas y en un ruido sordo, riza la cola como cerdo. Después una sonrisa se dibuja debajo de su nariz, mirándome fijamente con sus ojos sagaces, y ladra, dejando al paso olor de almíbar y anís, y una lluvia de estrellas fugaces.

Cuca, cuca, corredora, nocturna de maratones, usted es la roedora odiada como a ratones. Allí de ti insecto voraz, si invades mis almacenes, de tu vida me darás todas tus generaciones. Cuca, cuca, cucaracha, si sales de mi habitación, te perdono la mala racha, de ti y tu generación. Cuca, cuca, encontrarte en las noches de mi insomnio y con mi zapato aplastarte, dejar tu cadáver diurno. Cuca, cuca encontrarte en la noche de infortunio, y con mi zapato aplastarte, dejar tu cadáver diurno. Monstruo de mi vigilia y ayuno, en mi almohada escondida, en el plato de mi desayuno, hasta en mi cepillo de dientes, mordida, monstruo de mi vigilia y ayuno. Mírame y no me toques, corres debajo del cuadro, te metes en hoyos y corredores, te pierdes ante mis lentes, como todos los roedores, mírame y no me toques, siempre corres, tras las paredes, porque valiente no eres. Y la glotona inquilina no deja huellas a su paso, hasta que la veo en mi vaselina, su muerte fue de un trancazo, que buena muerte inquilina, verte muerta en vaselina, la muerte te salió al paso, sin querer de un trancazo. Vete lejos de mi casa, respeta mi habitación, de mis sueños nada pasa, ni toda tu generación. Cuca, cuca, cucaracha, si sales de mi habitación, te perdono la mala racha de ti y tu generación. Vete a la casa vecina, respeta mi habitación, o muérete en vaselina. No quiero más tu cadáver en la harina, azúcar y sal, ni en el cepillo de dientes, no quiero ver tu cadáver, ni tu muerte colosal en la harina, azúcar y sal, aléjate de mi vida o muérete en vaselina o en la casa vecina, lejos de aquí pepita saltarina. Cuca, cuca, cucaracha, déjame vivir tranquilo y olvidar la mala racha con el alma en un hilo de tus costumbres tan sucias, de tus carreras nocturnas. Líbrame de ti cucaracha y sal de mi habitación, y te perdono la vida, de ti y tu generación.

Hola y te digo ola, hola y te digo mar, hola y te digo sola, hola y te digo amar. Hola y te digo que tal, hola y te digo buena, hola te digo mal, te digo arena y te digo sal. Hola te digo hola y tú me dices que tal. Hola te digo frio, hola me dices sol, hola te digo lento, hola me dice voy. Te vas y sólo me dejas, hundido en la tempestad. Hola Dios, me dices, hola y adiós me dejas, hola y adiós te vas.
Si anduviera por el mundo, en un día, buscando mi alma mía, ¿por qué la busco tanto, todavía? Si tengo tu alma mía. Si encontrara por el mundo, en un día, tirada tu alma mía ¿por qué la encontré ese día? Si tengo mi alma mía, todavía.

Mosca, mosquita, moscona, con tu tropa o trompón, con tu boca bien bocona, trasportas las inmundicias en tus patas usureras, con tus ganas, basureas. Aléjate de mi plato, mosca sucia e impura, traes la suciedad del zapato, la enfermedad de algún gato, y mil roñas y locuras. Mosca, mosquita, moscona, chocarrera de tardes, combatiente de mis sueños, malvada, perversa, buscona, de la muerte y de mi enojo, del matamoscas que te arrojo. Voy a quitarte tus alas, te atraparé en el aire, como el niño sin entrañas por hacerme un desaire y despertarme en las noches y todas mis mañanas como el niño sin entrañas. Voy a despatarte completa, voy a dejarte sin alas. Mosca, mosquita, moscona, tienes la vida contada, si te atrapa mi palmada, por pararte en mi paleta, voy a dejarte sin alas como el niño sin entrañas.

Sin lágrimas y sin quejas, murió mi abuela ciega, sin lágrimas y sin quejas, murió mi abuela vieja, en su aldea veraniega, murió feliz y contenta. Lejos se fue a morir, no quería que nadie supiera su congoja y su sufrir y que nadie la viera morir como una vieja ciega, pero feliz y contenta. Ella siempre quiso ver las montañas y las nubes, ella siempre quiso saber el color del arcoíris y los prados y las flores. Nació ciega mi abuela en su aldea veraniega, prisionera de la noche buena, de la vida tranquila, serena y ciega. Por su boca soltaba mariposas, hablaba como la poesía, pero ella no veía las cosas bellas que de su boca decía, era como una fragancia, una fragancia de estrellas, una playa de sol, vacía. Mi vieja era un libro abierto de noche como de día, y siempre me dormía despierto hasta cuando ella se dormía, le acomodaba la almohada de noche como de día, pero ella no me veía. Paso que aquella noche murió, murió la vieja, mi vieja, mi viejita, la que nunca conoció la luz, y amó a todos sin que la vieran. Pero mi abuela murió ya vieja, bien feliz y despierta, sin lágrimas y sin quejas, como decente vieja ciega en su aldea veraniega, con su alma bien contenta sin lagrimas y sin quejas, bien feliz y contenta, así dice su cruz grabada, que la lleno de flores cada semana, y le acomodo su almohada de tierra, como si ella me viera.


Y para qué es la luna, para dormir, la noche buena de la una, para dormir. Y para qué es el sueño, para dormir, y el aroma del ensueño, para dormir. Ay que sueño tengo, y para qué tengo sueño, para dormir, y esta noche en las pupilas, para dormir. Y para qué las estrellas diurnas y el insomnio de una cucaracha y el aire limpio como el alba, si tengo los ojos fijos y sueños como de escarcha. Y para qué esta canción, para dormir, si tengo los latidos de mi corazón para seguir cantando mis versos para dormir.

He conocido lugares y nada como mi México. Yo no soy tan entrón ni tan valentón pero tengo algo de macho. Tengo una carrera de periodista, sé hablar idiomas pero a mí me gusta más lo mexicano. Muy pronto me voy a ir para mi rancho, bueno, el rancho de mi señora madre; voy a levantar las tierras que mi raza ha dejado caer últimamente. A chingar la vida en la ciudad y todo lo que me ha enseñado, sus luces y sus mujeres. Me gusta tener familia y por eso me parto. Y, ¿por qué a estas alturas de mis veintitantos? Simplemente, porque dar clases en las universidades, ser abogado y político; no me convence. Yo sólo quiero ayudar a mi gente, y la gente de aquí ya no me concierne. Me voy a regar el grano, a alimentar el ganado y a raspar magueyes, pero no me pudro en esta ciudad de asfalto y humo, simplemente, porque no me merece. Que, ¿por quién voy a votar? A mi juicio, México nunca tendrá buen presidente. ¿Qué si he perdido la fe?... pues, la mera verdad sí, sólo de ver como hacen las cosas güeritos vale madres, quiero estar con mi gente. Y decirles que los otros son la mierda que hay enfrente, y que no se les acerquen, porque allí sí no respondo, si se me sale lo valiente, mexicano hasta la muerte.

Me enfilé al ejército, porque amo a mi señora patria que es México. ¡Madre grande y gloriosa!, he aquí un hijo tuyo dispuesto a servirte como tu fiel soldado. ¡Madre de treinta entidades, y más de cien millones de mexicanos!, he aquí hijo tuyo, soldado tuyo; dispuesto a entregar su vida en el campo de batalla, de entregar su inteligencia, sus brazos y su corazón para bien servirte, como oficial tuyo: activo, leal y honrado; dispuesto a luchar contra la miseria, la ignorancia, la injusticia; para verte, libre e independiente de algún tirano que quiera violentarte en nombre de otros blasones.

¡Patria mía!, amo tus mares, tus golfos, tus sublimes cordilleras, tus azules montañas y volcanes; tu gloria y tu belleza, desde: El Cabo, Baja California Sur; hasta la estrecha y calurosa, Mérida, Yucatán. Te amo por la memoria de mis padres y mis abuelos que han venerado a hombres ilustres y grandes hombre muertos; te amo porque existes, y yo contigo éxito. ¡Patria mía! Veme arrodillado en tu regazo con este nombre que entiende como Israel y estos veintitantos años, ya a una, ya a otra orden que tú me dictes o decretes…

Me enfilé al ejercito, porque aquí entre nos, soldados ilustres, he prometido morir de viejo en algún batallón o, ante las balas convulsas que quieran diezmar nuestra soberanía y nuestro regimiento. Por la sangre que se ha derramado, por la sangre de mis hermanos que corre por mis venas, porque en tierras aztecas están sepultados mis muertos que mi raza llora y venera. Porque México me ha visto nacer y, me ha dado: lengua, maestros, libros de texto, comida y sustento. Amo a México por su naturaleza tricolor, por su corazón, por su gente buena y sencilla; porque soy hombre que, siempre extraña sus lejanas tierras lindas y queridas: por sus azules montañas, por la ternura de sus nativos con corazón de indio, por sus obreros ensombrecidos, por la violencia con la que un extranjero, grita: ¡Viva México!... Por eso y más me he enlistado al ejército, y quiero defenderle de aquel que ose atravesar con balas ajenas mi bandera; y el amor a uña y carne de mi señora patria linda y querida.

**¿¡Y a dónde voy con este sol tan bruto!? Si salgo tendré que irme pegado a las paredes, como gato agobiado y buscando sombra. Hay que ponerse gorra y sombrero para evitar ser quemado por la ira de un Dios como sol. A veces hay sombra, pero el aire es sofocante. Hay que ventilar todos los recovecos, hasta los nichos del alma hay que ventilar para descansar del agobio de una tarde enardecida. El sol viene y se va, alguna barda muy lejana a la nube aguacera ha ocultado el fuego como ira. Nadie aguanta la furia del sol, ni yo ni nadie, hasta los perros tratan de buscar la sombra del árbol que, impávido soporta pulso a pulso sin mover raíz, y sólo hojas, la furia de este sol más bruto que, allá en el cielo o infierno, su creador. Y a dónde vamos a parar sin salir de casa o del coche, y a dónde vamos a parar si el sol sólo seca y desmotiva, cuando quema y calienta de más, y a dónde voy a buscar sombra. El sol así me desmotiva, me desmotiva. ¡Bárbaro sol de enero! ¡Qué feo y despeinado te has puesto, que me has puesto de mal humor!

A UNA MADRE PADRE


Israel Maldonado


Padre y madre a la vez,
como la bendice el destino,
tiene la suerte echada sobre sus cuatro hijos.
Su sueño es exacto,
sólo abre sus ojos para dispararse,
corcho al trabajo,
hacer comidas y desayunos.
Carga la escoba, la jerga, y el fregón
en su bendito corazón sirviente.
Y se queda postrada en la cama con su cansancio a cuestas,
a veces abre sus ojos asustada como si le gritarán de cerca,
tuviera que hacer algo de inmediato, ya, macetas.
Aunque quisiera estar con sus hijos, visitar a su familia,
tiene el tiempo y el centavo escaso,
tiene hambre de cariño de hermanos, de vida,
aunque tuviera todo el tiempo del mundo,
necesita calmar su hambre y la de sus hijos.
su espalda, cintura y brazos,
están maltrechos de planchar y lavar ajeno,
ya no siente el dolor en sus manos cuando duerme,
se ha acostumbrado, a palpitar sangre diario, muerte,
que si la enterrarán con cloro y detergente,
de sus manos saldría espuma como algo natural como vida de su vientre.
¡Bendigo tu cama madre independiente,
alargo tu sueño, tu espalda descanso,
unto pomada virgen frutal en la planta de tus pies para santificarte!
¡Que dolor tengo en los callos de tus manos, tu hijo,
la faja de tu espalda, en el menstruar de tu vientre y lloro y me aflijo!
Desperdigado tu talento en el campo desierto,
sus sueños de ser maestra se han reducido
a la pericia de sus manos,
separar la basura como la ropa en la lavadora,
fregar los suelos como los trastos.
Con el despertador en los sueños automatizas su vida,
con tus manos y sangre acostumbrada te levantas
y calzas sus mismos zapatos, la ropa de siempre,
sale apurada para ejecutar sus quehaceres,
calendario sin estaciones, ya lo eres,
lo mismo de siempre,
la pesadumbre de los mismos huesos,
la misma mosca en la garganta cansada y simple.
Una flor de sal brota de su pecho y una lagrima le resbala lento lento.
Porque su corazón es un manantial, de mares y selvas de luz,
ejemplo de los ejemplos, al mismo tiempo.
Puedo decirte mamá padre como cristal y amuleto,
y ella está siempre allí, como un ejemplo a escala,
una guía, un campo abierto, mapá al mismo tiempo

A UNA BUENA AMANTE



Israel Maldonado


Me gusta escuchar tu lengua,
dentro de mi oído,
jugar con mi ego de enamorado,
perdido.
Me encantan los ritmos,
de tu saliva embriagante,
pasar por tu garganta,
cuando te beso jadeante.
Me agrada tu cabello,
su olor a rosas,
es un poema bello,
de otro mundo,
otras cosas.
Me deleita el olor de tu delicado cuello,
desliz de marfil, otro poema más bello.
Me apasiona de tu cintura,
bajar a tu sexo de ventosa,
causa de mi locura,
su olor a rosa.
Me gusta escuchar tu lengua,
dentro de mi oído,
mientras con las leguas de mis dedos,
calmo tus delirios.

Me encanta escuchar que mueres,
vives y floreces,
me gustas que me reces,
tu nombre a mi oído,
de enamorado perdido,
al Dios de tus delirios.

A UN ENFERMO DE SEXO




Israel Maldonado


¡No escribamos la palabra amor, hagámoslo, bajo las sábanas de los hoteles, hagámoslo! En las cárceles, en los ministerios, en los campos de concentración y los campos militares, cerca de políticos y presidentes como presidiarios, hagámoslo.

Fumemos al amor en pipa o tabaco, inyectémoslo en las venas con popotes de malteada. Abracémoslo en la fogata, entre las cenizas y las sombras, los maullidos y gemidos que el éxtasis se alcanza. Anestesia con besos y caricias, recostados bajo la cama. Satisfechas de una y otra costilla, locos acostados de dos en dos, a favor del corazón enamorado.

Hay que morder al sexo maduro, como una ciruela de pastel y decir me vengo de cumpleaños, te quiero de edad, hagámoslo. Forniquemos, el amor, el amor, el amor, se acerca, está aquí con nosotros. Está contenido en mi escroto, sube por mi próstata, quiere salir gritando, me jala desesperado los hilos del sexo como un toro encasillado, como un dolor de rodeo.

Por los lisiados, cojamos, por los católicos y los cristianos, demos sexo y libertad a toda Latinoamérica y a los testigos de Jehová. Hagamos el amor, por los narcos, por los marineros, que se van lejos y son vírgenes en la mar y la arena y esperan el altamar como al anticristo. Hagámoslos, por los niños de la calle y los sedientos de África, por los hambrientos de justicia y los muebles de fábrica, hagamos el amor con la balanza y los ojos vendados de plusvalía, hagámoslo.

Jodamos sin condón, litro y litro de esperma, produzcamos más barriles de néctar de macho que cualquier refinería y plásticos al día, o en domingo. Juntemos nuestro sexo y masturbémonos frente a frente, entre caricias y arrumacos desfloremos a las vírgenes y santos y santas, a los de capillas y conventos, desfloremos a su dios y sus demonios, desfloremos su sexo. Hagamos el amor clásico y barroco, con el miembro al aire, salivando. Que las madres sepan que debemos reproducirnos, que debe haber esperanza para la permanencia de nuevas generaciones, hagámoslo. Que los marcianos y extraterrestres, sepan que somos muchas lágrimas y sentimientos, que el universo se entere que somos sexo, amor y deseo. Hagamos el amor entre los muertos, entre las cruces perdidas y pisoteadas, entre las lapidas olvidadas e innombrables.

Yo, el fornicador, me masturbo con mis cinco manos y mis diez miembros. ¡De litro en litro lleno barril por segundo! ¡Un gemido y lo lleno, como ubre de luna sobre la cubeta del cielo! ¡A acoger y amar que el mundo se va acabar, hoteleros! aleluya al sexo placebo; saquen sus miembros y vaginas, hagámoslo, ¡que hasta aquí se escucha el relinchido del macho en celo! Mete y saca, con la cadencia y el ritmo del perro callejero, que practico es coger a una voz, a un ladrido.

¡Sigamos así follando, caldeando, jodiendo, sigámoslo haciendo! ¡Pitos de lumbre, nalgas en celo! ¡Inyección y vientre de Consuelo! cantan su amor tan austero. Hagamos las camas de casa y hoteles, juguemos con las sabanas en el suelo y enseñemos sus manchas vírgenes al cielo. ¡Mares de sangre bendita, santificada sea por el sexo! Pan y vino, agua bendita, sea lo que desmanche con muelas y saliva. (Sangre azul y roja es sal y arena, mar y roca, es mi sexo al que ahora toca). Hay que masturbar a los animales del campo y de la selva, de los bosques y los cementerios, de los jardines y los arroyuelos. Sin los guantes necesarios, hagámoslo, masturbemos a la pulga y al perro, a la vaca y al centauro, enserio.

Que gruña el gato y el leopardo, de su dulce sexo, venido a más con su pito gigante del burro venido a menos. Que la hiena ría de locura, que no encuentre remedio para guardar silencio, más que haciendo el sexo, no el amor venido a menos. ¡De pie, miembros! roseamos la fertilidad del campo y del vigor del roble en el fuego. ¡Párense, vaginas, dulces y amargas, saladas y en velo! ¡Que el amor se avecina y debe encontrarnos de fiesta y alabanza, en celo! ¡Ábranse piernas de Moisés del sexo, ahora que húmedo me vengo! Hay que mirar a los fetos en el vientre, masturbándose, con la flor del sexo, germinándoles del pecho.

Semen untado en los talones infantiles, ardiéndoles el miembro. Hay que mirar los pitos de los viejos, paraguas nuevos y abiertos, encendido por la lluvia y el celo. Hay que mirar debajo de los hábitos de las mojas, de las vírgenes de la Iglesia y santos de parroquias, hay que mirar sus pechos, hinchados de amor, sus sexos obscuros, ventosas de la santidad, hay que saberlos progesterona y testosterona a lo natural. Hay que mirarlas, tocarlas, abrazarlas y besarlas, con esas ganas carnales de hacerlas dicha y felicidad, a novias, hijas, tías, sobrinas, hermanos y madres, hay que hacerles el amor, que no venga al caso el incesto y la edad, hay que hacer el amor a hermanos como animales, suave, dulce y amorosamente, hagámoslo, que no hay vuelta de hoja, ni sexo roto que no entre, todo es plenitud.

Erecto y húmedo, está el sitio de la muerte en vida, nos espera el dulce sida, para abrirle el pecho de la infección, después agua y jabón vuelto a la vida. Vengan, animalitos de mi creación, al cielo del Dios, que no los hizo, sino los desmoronará cual sexo en sus manos, de éxtasis y placer.

¡Llegan, placebos negros y blancos, jeringas y agujas como dolor, calor en el pecho, pandemias y muerte!¡La calentura ha destruido al miembro y al vientre, no hay pene ni vagina que pueda recibir su nombre. Asisten los animales de la selva y el bosque, todo es desolación y alevosía ¡Vengan, hagámoslo de nuevo!, dice una madre, ¡hagamos el sexo con el corazón!

“Después lo miro y me callo la cabeza,
las manos, mis miembros,
mi voz, así está la resurrección, madre nuestra, padre nuestro,
regrésame mi erección y santificado sea tu sexo”
¡Hagámoslo con el corazón!

A UN MORIR EN DICIEMBRE



Israel Maldonado

Quiero morir en diciembre y no en domingo.
Morir contigo, morirnos por siempre, morirnos en diciembre; pero no en domingo.
Quiero morir por morir, muérete Cuack, un lunes o martes, lejos de mí, lejos contigo.
Quiero morir en diciembre, morir de frío.
Morir sin ti, sin tu piel, sin tu cuerpo, corto de respiración, con mi corazón vacío.
El fresco de diciembre, cuela sobre mi cama, cruje el madero, se quejan mis huesos y ululan secos.
Quiero morir en diciembre, morir de frío, de frío lento, extrañando solitario, sin el azul de tu amor, sin azul mar de tus ojos de lejano firmamento.
Extrañar, rodear, con mis brazos, aprisionar, juntar, pegar para quitarnos el frío de fin de año de hastío.
Otro año, otro cuento con su conteo en el televisor, su sonido vacío, su imagen que sueña aprisa, observando la brisa de colores, la brisa que baña el pino navideño de amores de amores.
Ella me quiso, lo sé, lo sentí en el beso de su mirada, lo gritaba a todos, lo que mi corazón necesitaba, como sus latidos en mis labios, mis sentidos en los suyos.
Como no extrañar sus abrir y cerrar de ojos, su calor de luceros azulosos y tibios sobre los míos.
Quiero morir en diciembre, morir de frío, soñar que la tengo, despertar que la he perdido.
Corre y gritar con las manos vacías, saltar y brincar por la ventana, caer, caer, contra el viento y levantarme contigo.
Oigo más cerca que el gélido mes me llama, busca bañarme de olvido, con el cristal líquido de sus cristales fríos.
Ya quiero que me quieras, quiero morirme contigo, secar el río, ahogarme con tus besos, con tu frío.
Ya no quiero que me quieras, quiero morirme solito o contigo, secar el río, ahogarme con el sigo y detente, de ti alejarme, de tu invierno frío, de tu presente.
Ya no te quiero, al menos no por ahora, al menos no parto contigo en estas letras con agua y jabón te olvido.
Porque morir en tus labios fríos, con una flor en el pecho, bajo nubes negras, bajo tu negro infinito, de hecho maldito.
Porque esté es mi morir de diciembre, morir de despecho que de hecho ella me lo ha hecho y éstas son mis últimas lágrimas que le suplico sobre letras mojadas que le dedico.

Cuando tengas lagrimas de risa



A UNAS LÁGRIMAS DE RISA

Israel Maldonado


Cuando tengas lagrimas de risa,
aprieta los parpados y retenlas,
habla con la garganta del estomago,
tiembla de prisa, espera.
Inhala y exhala, ponte en la cama boca arriba,
saca la lengua y abre los parpados,
siente rodar las lágrimas por tu mejilla,
cómelas con la lengua, trágalas,
saboréalas, verás que rico es el llanto a carcajadas,
son lágrimas dulces, no tienen sal,
son como el agua de manantial,
verás sino, hazlo sonrisa.
Cuando tengas lagrimas de risa,
no las dejes caer, trágalas,
verás sino te regresa el alma en alegrías y carcajadas.

23 mar 2010

Un tributo a las mujeres que conozco



Bravo por la mujer brava

Israel Maldonado

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, confieso que las he visto en la universidad, en la calle, en mi casa: Ariana, Cintia, Nalleli, Lidia, Nancy, Verónica, Brenda, Marisol, Lucy, Tania, Marlen, Irais y Sarai; nuevas mujeres que me dan miedo y me ponen en jaque temiendo, pues el porqué lo pienso; somos machistas incorregibles, machistas por cultura, visibles por herencia de jóvenes y viejos, desde antiguos tiempos, desde que los soles han estado colgados y existen los sueños suicidados por los años.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, las he visto en el pedestal participar contra el colapso económico mundial a dar soluciones y proponer el desbordar la opinión, pues dejan de ser: secretarias, amas de casa y rompen el mito que años y años se ha escrito, de arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas y demás denigradas, pues pasan a ser… plas… plas… exitosas escritoras, deportistas, investigadoras, artistas, ejecutivas, gobernadoras, presidentas de carácter áspero, duro y decidido; tal vez no sean las hembras con las que estúpidamente soñamos; pero son las mujeres que te libran de cadenas y rejas, son las mejores parejas en este mundo falaz y novelero.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, tal vez no una mujerona de las que pinta el poeta azul con ojos de caramelo, boca y caderas que cautivan, de las que usan sus manos para la caricia, tener una casa impecable, lavar bien los platos, servir buenos tragos o acomodar el florero al centro de la mesa, servirle al macho que espera una joven mansa, dulce y sumisa, con sonrisa en la boca que no discuta sólo diga frases alegres y elogie nuestros actos y nuestras bobadas, que sea de boca correcta, simpática que jamás reclame y desafíe el poder masculino, pues gallo sin pico no cantan ni un comino.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, pues confieso por adelantado que sigo siendo un pelado más primitivo, menos humano, un animal impulsivo que sueña con la hembra perfecta de la revista de modas, de las curvas increíbles, la mujer que tenga sus piernas a mi servicio disponibles, que fija ridículos gritos de mí desahogo, pues se ha quedado a medias y la ahogo. Con esas hembras sueño, las fáciles y sin problemas, las que reloj mata como el tiempo, las mismas que me hacen creer que he trepado al sol y ando en las burbujas de los sueños, tratando de parar los años, jugando con mi súper ego.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, una generación de mujeres que no se someten, protestan, exigen, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Cada día las veo diferentes, pues no se dejan dar órdenes, no podemos dejarlas plantadas o tiradas o arrinconadas en roles subordinadas al perfil hormonal de varones que se inyectan sin gracia, su dosis de falocracia.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, que estudia más, que sabe más, que es más disciplinada, sabe tomar decisiones, pues eso lo trae en los genes, es líder y me atrevo a ver que si ellas gobernaran el mundo, no seríamos trotamundos, olvidaríamos el falso diálogo de mudos, que finge que la democracia es un bien exclusivo de la gracia del capitalismo, que erige a Washington como lo mismo, pues ya estuvo bueno del poder las palancas, tal vez esa mujer exclusiva sea la vía libre a la eternidad y tire la barda en la cama, construya universos paralelos y quite los falsos velos femeninos, ella más que nadie debe mover las palancas para una relación entre iguales.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, pues cada día creo, les es más difícil conseguir pareja porque muchos les tememos y no choca que nos corrijan, nos refuten y desinflen nuestra vanidad, después de llegar del trabajo; aunque ellas trabajan más que nosotros, hartas llegan por la noche, de mal humor y sin ganas de cocinar, envejecen como nosotros y su piel y sus senos ya no son de veinteañeras, de mes en mes tiene sus hormonas ciclos de euforia y mal genio; pero aún así nos escuchan y saben darnos consejos para vivir y limpiar los espejos de nuestra alma y evitar los fracasos y tropiezos. Ella es una mujer fenomenal, ella más que nadie es el aroma más dulce y la flor más delicada, pues tiene la fórmula mágica para convertir de bárbaros primitivos a hombres sensatos y racionales, llenos de sensibilidad con cara a la sociedad.

Sin Dios y sin Diablo; pero con una mujer brava, que lo sabe todo desde que el sol está colgado, sabe bolsa de valores, saben nombres; bravo por la mujer brava.

Apaga la radio, madre.



Por Israel Maldonado

Apaga la radio, madre, que quiero leer, pues me indigestan sus ruidos de siempre. Apágala que sólo a mí me funcionan las letras y los ruidos me desesperan, apágala te lo pido. Voy a azotar tu aparato en la pared y mandar mis problemas al carajo para salirme a tomar una cerveza al vacío del cielo, cuando regrese no quiero el ruido violador del silencio, mas quiero la bondad de la noche en mi cuarto y encerrarme en un buen libro. Quiero mandarte a chingar con tu radio a otros hijos, mandarte lejos como a mi novia y no abrirle la puerta a tus golpes que no tienen palabras en mi fuero interno, ni muecas ni señales que mi padre el psicólogo pueda entender más que leyéndome un libro que a mí me guste de mi librero.

Apaga la radio, madre, que sólo a mí me funcionan las letras porque tienen colores, luces y sonidos diferentes, tienen magia hasta en mis sueños en que se convierten en hadas y dragones que lanzan y escupen fuegos artificiales al cielo y me iluminan las noches de insomnio que siento y vivo cuando duermo despierto leyendo un libro. Ahora soy raro cuando te hablo, me hago un manojo de nervios, pero cuando leo puedo hablar sin atadura en la lengua del pensamiento.

Te digo pues que en un libro encuentro a un buen amigo desde hace años en que leo, se ha convertido en un incondicional compañero dispuesto a todo en mi librero como también debajo de mi almohada de mis sueños en que me cuenta historias para que duerma briago de ideas, sentimientos e ilusiones cada mañana que siempre lo encuentro dispuesto a escucharme, abierto.

Apaga la radio madre, apágala ya, te lo pido, que sólo a mí me funcionan las letras que hay en un libro, pues hacen el amor con su vigor expresivo, luego florecen mis lágrimas como alegrías con sus pausas y prisas, sus armonías. Sus páginas me suspenden alto en el aire, después me dejan caer al ras del suelo como la golondrina enamorada o la alondra viajera en la verde enramada, lista para su vuelo con una mirada alada por letras enamoradas de mis pupilas lectoras de sueños.

Las letras son mis válvulas de escape en esta época en que se presume de nuevo milenio, porque ahora sólo quiero salir de este tiempo y edades, leyendo a mundos mágicos e insospechados del…, Érase una vez en un lejano país como sus tiempos de costumbres y tradiciones desconocidas, distantes e indiferentes anhelos, pues quiero volar y leer lejos a personajes en problemas y alegrías, diferentes destinos, así como recuerdo las fábulas de Esopo y Lafontaine que tengo presentes y vivos sus sabios consejos.

Apaga la radio, madre, o bájale un poco el volumen y compréndeme un poco al menos, ya no vuelvas nunca más, pero nunca más obligues a danzar mis libros alrededor del fuego, porque cuando mis amigos se queman me llora algo de una manera terriblemente desgarradora en mi pecho. La armonía de sus letras y sus efectos musicales en prosa y poesía, se vuelven quejidos dolorosos y desagradables, luego tormentos rugen al fuego que lo apagan, después cenizas rotas, polvo, dolor, nada y tormento.

Es por tanto que sólo me sirve apagada tu radio y la voz de las letras de mis libros, pues comprendo en que debo ser responsable con lo que digo y escribo, debo ser fiel a mis ideas y principios, aunque no me guste lo demás que te he te dicho y escrito madre, entraste a mi mundo de letras compartido, sólo apaga tu radio, te lo pido.

Un regalo para mi abuelo Victor


Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría. Te esperan los niños con la mirada tibia y las manos en los bolsillos con la mirada perdida en la oscuridad encendida por una fogata fría. Los grillos cantan a los lejos, las estrellas alumbran de cerca y tú no estas conmigo ni cuando amanezca en esta noche fría. Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos es aurora todavía, porque tengo cuentos que me lloran por dentro y me ríen a solas porque no te tengo a estas horas.

Me falta el conjuro de tus labios del…, Érase una vez, había una vez en un lejano país, unas juguetonas olas.

Me faltan tus noches exclusivas de cuento, sentado alrededor tuyo, escuchando bailar la hoguera con tus palabras mágicas de cuento. Para qué quiero todos los cuentos del mundo, si los tuyos no los tengo, para qué los quiero. Para qué otro Decálogo del Perfecto Cuentista, si no hay cuentos como los tuyos ninguno a la vista. Para qué García Márquez vacía más textos en concreto, para qué Edgar Allan Poe imagina más criaturas de los sueños de Franz Kafka, para qué los quiero, si tú no estás conmigo todavía. Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, los pueblos y las aldeas te esperan con la vista puesta al cielo, desierta de ti, perdida.

Tiranos tus cuentos como la noche tira los sueños ligeros de invierno, cuéntalos desde el cielo que los niños los atraparán en sus cuadernos con toda la inocencia de todos los tiempos.

Siéntate en las nubes como Dios y cuéntanos tus cuentos para que los escribamos como una Biblia en esta noche fría.

Te haremos el verdadero cuentista de todos los ocurridos y en boga, cual Antón Chejov o Quiroga, si eres tú el cuentista más fantástico de todos los tiempos.

Te cuento que Susy ya está cansada de Bella Durmiente, de una vez un niño bueno y un niño malo, un avaro y un tercer hijo, de madrastra y hada buena; ya dijo basta y te extraña cada mañana que despierta sin ti perdida, desierta.

Queremos cuentos tuyos, de tus labios dulces, abuelo, de los que nunca escribías, más que con tus palabras en los oídos del pueblo y ahora de voz en voz son leyendas de otros tiempos.

Por qué no los escribiste en hojas de libro, abuelo, por qué te fuiste al cielo sin hacerlo, otros dicen que tus cuentos son suyos, y tú para la literatura nunca exististe, nunca al menos escribiste.

Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, en que todavía te espero. Porque tus cuentos se han extraviado por todo el mundo en cuevas, bosques, chozas, ferias, chimeneas y demás lugares en suelo y mares, perdidos, abuelo.

Ahora tus relatos olvidaron la fecha de nacimiento que tú les diste y algunos visten de sombrero por penacho y otros se reproducen como hijos de revolucionario mexicano a lo macho. Han olvidado tu nombre todos tus cuentos y se hacen llamar leyendas, vuelan por montañas y ríos, visten botas por huaraches, peinan cabello rubio por negro, se dicen cargados de misterio y se olvidan de ti en serio.

Y eso a mí no se me hace justo, si tú les diste vida, si tú los creaste de tus labios desde tu pensamiento y ahora se esconden de ti lejos de tu cementerio, andan por bosques y selvas, montañas y desiertos; pero a ti nunca te visitan andan vagando inciertos. Se preocupan de pasearse sólo ante la mirada inocente de los niños, de llenar los paisajes de sus libros de texto y se ríen a solas porque no te tengo a estás horas.

Luego algunos se creen tan famosos que se hacen películas o se revelan ante escritores que llaman cuentistas y a ti te olvidan como a los niños les arrebatan la inocencia de sus años en su mirada tibia. Después se dicen géneros literarios y salen por la rendija de la mano de las famas sobre el viento ahora incierto todavía en está noche fría. Y llegan a reproducirse de montañas lejanas a casas deshabitas, rincones y graneros, se lanzan al olvido, se entregan para ser mutilados luego.

Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, para decirle a todos que un cuento no tiene leyes, es mágico y es incierto, pero que te reconozcan, abuelo, como el perfecto cuentista, que regalo cuentos al mundo sin que lo reconocieran con nobeles y eso, el hombre que hizo danzar sombras alrededor de la hoguera con tan sólo un conjuro de sus labios dulces de niño, inciertos como los míos.

Convéncelos de dar clase de cuento en la primaria de Susy, por favor, abuelo, porque ahora todos saben escribir cuentos, pero nadie sabe contarlos como tú lo hacías en mi inolvidable infancia. Siempre serás mi perfecto cuentista, abuelo, siempre tú mi gran viejo, todavía me vives en esta noche fría de cuento.



* Un regalo para el poeta azul, Joel

Porque Joel es inolvidable, es poesía y es cuento, alegría y sentimiento

Porque Joel es invocable, es García y Villoro, de su tía y su loro.

Siempre protagonista de sus cuentos, siempre él y sus adentros.

Cómo olvidarte gran viejo de todos los lares, como hacerte al olvido de lejos, en pocos lugares y luego pendejos, pendejos, pendejos.

Como olvidar tus historias dejadas a la mitad, como olvidar esa voz de narrador implacable, como olvidar invocable.

Si eres tú, literatura y facultad, historias a la mitad, el personaje pegado a la pared caminando por la palabra con sed al color y adjetivo abracadabra, inolvidable.
Como olvidar inolvidable, cómo olvidarte poeta cobarde, cómo olvidarte.

Olvidar el sueño de lagunas con camarones en la universidad, fuentes y quioscos de verdad, pues ya lo dijo Descartes: Joel, luego existo, poeta de locos maldito, luego nada, moscos y moscos como antes, salitre.

Como olvidar la fobia del viejo, como olvidar sus paredes habituales, sus playeras especiales, como olvidar quién es Joel, viejo de todos los lares.

Te quiero mientras dures con tu nombre dando clase a nuevas generaciones, cuéntales del ayer y del mañana, pero cuéntales de ti, que no te olviden, cuéntales del gran viejo de todos los lares, de cómo quieres morir y que te entierren, después calla al silencio, a los gusanos del cementerio tus cuentos y tus ayeres.

Sólo a ti puede fascinarte la sangre y asustarte las alturas, sólo a ti poeta cobarde te gusta la sangre y locuras; pero conservas tu vida, sólo a ti poeta cobarde y tus siete oportunidades que no usas nunca, ni restas ni sumas nunca a la ligereza de pluma.

Tristeza y consuelo hay en tus manos, amares y velos en tus ojos, estúpido viejo pensé cuando te vi de reojo, amares al carajo tu filia a las paredes, viejo de todo los lares que te aviento el sueño de pluma que no tienes.

De ébano y marfil tu barba maltrecha, de obsidiana el espejo de tu corazón literato, y hoyuelos de madera exótica al rato; guarda tus ojos vivos de pájaro de color en un paracaídas por si acaso, por si te sale algún cabrón, corriendo como loco fuera de su salón, te sale al paso, para tirarte como pluma de Pegaso, y allá vas a dar con tu fobia de un trancazo. Guárdalos en un paracaídas por si acaso.

Murmullo del silencio y hojarasca, poeta fóbico del se acabó. Sólo tú, loco, loco hacen encontrado tu don, poeta de cuentos. Quisiera olvidarte; pero te llevo en el corazón, quizás un día sepas de un cuerdo, que escribe del recuerdo de un poeta azul, inolvidable.

Para un cuentista de un cuentista.


Decálogo del perfecto cuentista (Horacio Quiroga)

Alguna vez el escritor uruguayo Horacio Quiroga intentó un “Decálogo del perfecto cuentista” cuyo mero título vale mucho para el lector, pues sus diez preceptos considero tienen una lucidez impecable, que aquí enumero:


1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.


3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.


5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.


7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.


9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino

10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.




Israel Maldonado Maldonado

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