Gabito

Gabito
Su mejor sonrisa

Advertencias de un escritor

Gabriel García Márquez



1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

23 mar 2010

Un regalo para mi abuelo Victor


Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría. Te esperan los niños con la mirada tibia y las manos en los bolsillos con la mirada perdida en la oscuridad encendida por una fogata fría. Los grillos cantan a los lejos, las estrellas alumbran de cerca y tú no estas conmigo ni cuando amanezca en esta noche fría. Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos es aurora todavía, porque tengo cuentos que me lloran por dentro y me ríen a solas porque no te tengo a estas horas.

Me falta el conjuro de tus labios del…, Érase una vez, había una vez en un lejano país, unas juguetonas olas.

Me faltan tus noches exclusivas de cuento, sentado alrededor tuyo, escuchando bailar la hoguera con tus palabras mágicas de cuento. Para qué quiero todos los cuentos del mundo, si los tuyos no los tengo, para qué los quiero. Para qué otro Decálogo del Perfecto Cuentista, si no hay cuentos como los tuyos ninguno a la vista. Para qué García Márquez vacía más textos en concreto, para qué Edgar Allan Poe imagina más criaturas de los sueños de Franz Kafka, para qué los quiero, si tú no estás conmigo todavía. Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, los pueblos y las aldeas te esperan con la vista puesta al cielo, desierta de ti, perdida.

Tiranos tus cuentos como la noche tira los sueños ligeros de invierno, cuéntalos desde el cielo que los niños los atraparán en sus cuadernos con toda la inocencia de todos los tiempos.

Siéntate en las nubes como Dios y cuéntanos tus cuentos para que los escribamos como una Biblia en esta noche fría.

Te haremos el verdadero cuentista de todos los ocurridos y en boga, cual Antón Chejov o Quiroga, si eres tú el cuentista más fantástico de todos los tiempos.

Te cuento que Susy ya está cansada de Bella Durmiente, de una vez un niño bueno y un niño malo, un avaro y un tercer hijo, de madrastra y hada buena; ya dijo basta y te extraña cada mañana que despierta sin ti perdida, desierta.

Queremos cuentos tuyos, de tus labios dulces, abuelo, de los que nunca escribías, más que con tus palabras en los oídos del pueblo y ahora de voz en voz son leyendas de otros tiempos.

Por qué no los escribiste en hojas de libro, abuelo, por qué te fuiste al cielo sin hacerlo, otros dicen que tus cuentos son suyos, y tú para la literatura nunca exististe, nunca al menos escribiste.

Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, en que todavía te espero. Porque tus cuentos se han extraviado por todo el mundo en cuevas, bosques, chozas, ferias, chimeneas y demás lugares en suelo y mares, perdidos, abuelo.

Ahora tus relatos olvidaron la fecha de nacimiento que tú les diste y algunos visten de sombrero por penacho y otros se reproducen como hijos de revolucionario mexicano a lo macho. Han olvidado tu nombre todos tus cuentos y se hacen llamar leyendas, vuelan por montañas y ríos, visten botas por huaraches, peinan cabello rubio por negro, se dicen cargados de misterio y se olvidan de ti en serio.

Y eso a mí no se me hace justo, si tú les diste vida, si tú los creaste de tus labios desde tu pensamiento y ahora se esconden de ti lejos de tu cementerio, andan por bosques y selvas, montañas y desiertos; pero a ti nunca te visitan andan vagando inciertos. Se preocupan de pasearse sólo ante la mirada inocente de los niños, de llenar los paisajes de sus libros de texto y se ríen a solas porque no te tengo a estás horas.

Luego algunos se creen tan famosos que se hacen películas o se revelan ante escritores que llaman cuentistas y a ti te olvidan como a los niños les arrebatan la inocencia de sus años en su mirada tibia. Después se dicen géneros literarios y salen por la rendija de la mano de las famas sobre el viento ahora incierto todavía en está noche fría. Y llegan a reproducirse de montañas lejanas a casas deshabitas, rincones y graneros, se lanzan al olvido, se entregan para ser mutilados luego.

Regresa, abuelo, con la memoria de tus cuentos en esta noche fría, para decirle a todos que un cuento no tiene leyes, es mágico y es incierto, pero que te reconozcan, abuelo, como el perfecto cuentista, que regalo cuentos al mundo sin que lo reconocieran con nobeles y eso, el hombre que hizo danzar sombras alrededor de la hoguera con tan sólo un conjuro de sus labios dulces de niño, inciertos como los míos.

Convéncelos de dar clase de cuento en la primaria de Susy, por favor, abuelo, porque ahora todos saben escribir cuentos, pero nadie sabe contarlos como tú lo hacías en mi inolvidable infancia. Siempre serás mi perfecto cuentista, abuelo, siempre tú mi gran viejo, todavía me vives en esta noche fría de cuento.



* Un regalo para el poeta azul, Joel

Porque Joel es inolvidable, es poesía y es cuento, alegría y sentimiento

Porque Joel es invocable, es García y Villoro, de su tía y su loro.

Siempre protagonista de sus cuentos, siempre él y sus adentros.

Cómo olvidarte gran viejo de todos los lares, como hacerte al olvido de lejos, en pocos lugares y luego pendejos, pendejos, pendejos.

Como olvidar tus historias dejadas a la mitad, como olvidar esa voz de narrador implacable, como olvidar invocable.

Si eres tú, literatura y facultad, historias a la mitad, el personaje pegado a la pared caminando por la palabra con sed al color y adjetivo abracadabra, inolvidable.
Como olvidar inolvidable, cómo olvidarte poeta cobarde, cómo olvidarte.

Olvidar el sueño de lagunas con camarones en la universidad, fuentes y quioscos de verdad, pues ya lo dijo Descartes: Joel, luego existo, poeta de locos maldito, luego nada, moscos y moscos como antes, salitre.

Como olvidar la fobia del viejo, como olvidar sus paredes habituales, sus playeras especiales, como olvidar quién es Joel, viejo de todos los lares.

Te quiero mientras dures con tu nombre dando clase a nuevas generaciones, cuéntales del ayer y del mañana, pero cuéntales de ti, que no te olviden, cuéntales del gran viejo de todos los lares, de cómo quieres morir y que te entierren, después calla al silencio, a los gusanos del cementerio tus cuentos y tus ayeres.

Sólo a ti puede fascinarte la sangre y asustarte las alturas, sólo a ti poeta cobarde te gusta la sangre y locuras; pero conservas tu vida, sólo a ti poeta cobarde y tus siete oportunidades que no usas nunca, ni restas ni sumas nunca a la ligereza de pluma.

Tristeza y consuelo hay en tus manos, amares y velos en tus ojos, estúpido viejo pensé cuando te vi de reojo, amares al carajo tu filia a las paredes, viejo de todo los lares que te aviento el sueño de pluma que no tienes.

De ébano y marfil tu barba maltrecha, de obsidiana el espejo de tu corazón literato, y hoyuelos de madera exótica al rato; guarda tus ojos vivos de pájaro de color en un paracaídas por si acaso, por si te sale algún cabrón, corriendo como loco fuera de su salón, te sale al paso, para tirarte como pluma de Pegaso, y allá vas a dar con tu fobia de un trancazo. Guárdalos en un paracaídas por si acaso.

Murmullo del silencio y hojarasca, poeta fóbico del se acabó. Sólo tú, loco, loco hacen encontrado tu don, poeta de cuentos. Quisiera olvidarte; pero te llevo en el corazón, quizás un día sepas de un cuerdo, que escribe del recuerdo de un poeta azul, inolvidable.

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